Las empresas editoriales como difusores culturales llevan consigo la encomienda de la defensa del lenguaje. No obstante, aclara Peña-Alfaro que "la lealtad lingüística en nuestro país se manifiesta muchas veces en un culto inexplicable a las formas, aun en menoscabo de las ideas o de la naturalidad de la expresión."
Solicitar un vaso de agua, como se ejemplifica, es totalmente legítimo, entendible y por lo tanto, se debe de proporcionar el líquido. Así que pedir el contenedor de agua, se refiere a la medida y no a las cualidades matéricas. Por lo que si quiere tomarse un "garrafón de agua", puede hacerlo.
Por ello resulta muy conveniente la acotación que hace la autora al redimir el papel del tumbaburros: "Los vocablos sufren muchas veces desplazamientos semánticos o sintácticos y la misión de los diccionarios no es condenar esas modificaciones, sino simplemente describirlas."
Optar por el sentido literal, antes que el sentido común de la expresión dificulta el quehacer de los expertos en la lengua.
En ésta parte del proceso es quien toma el curso del futuro libro y procura una comunicación y revisión constante al trabajo del autor, traductor, tipógrafo, diseñador, ilustrador y hasta impresor.
Sobre las manos de éste hombre recae el éxito o el fracaso de la calidad en el manuscrito. Él tiene que hacer que, como dicen, todo cuadre.
Por lo tanto, no es de extrañar que sea el ojo más estricto y más temido de todas las partes que engranan el resultado final. El autor teme que cercenen su "perfecta" obra. Incluso diseñador e impresor cuidan que su trabajo se considere adecuado o le encuentren fallas.
Pero volviendo al autor, la labor del corrector consiste específicamente en que el texto sea legible, accesible sintaxis, de impecable estructura y verifica que la información sea correcta. De manera que el corrector ha de ser un verdadero erudito en cuestiones del lenguaje, pero también en el tema del libro. Ya que son comunes las fallas en ciertos nombres o datos que sólo un conocedor podría identificar y que el ojo del escritor, editor y consultor pudieron haber perdido de vista por la lectura repetitiva que vicia las correcciones.
Estos son los puntos a seguir:
LEGIBILIDAD: es la forma inteligible de presentar el manuscrito para que el tipógrafo pueda capturarlo cuando esté listo. Aquí se vigilan, por ejemplo, los "errores de dedo".
UNIFICACIÓN: implica uniformidad la puntuación, nombres, abreviaturas, tipografías, formas de escribir algunas palabras, etcétera.
ORTOGRAFÍA Y GRAMÁTICA: la primera elemental. Clarificar las ideas, no es regla pero en la literatura éstos errores no son tan comunes, en textos académicos pasa más seguido de lo que creen. Hay gente muy experta en su campo de estudio, pero de redacción saben un comino.
TRASLITERACIÓN: en el caso de las traducciones, es importante vigilar las adaptación. Aunque una obra originalmente estuvo en japonés, por ejemplo, no es lo mismo traducirlo al español antiguo, al de argentina, o cualquiera otra de sus "versiones".
VERACIDAD DE LA INFORMACIÓN: deberá cersiorarse de que los datos expuestos como nombres propios o años, sean correctos.
El editor debe poseer un extraordinario acervo cultural que le permita distinguir textos medianos u ordinarios de los que tienen calidad y potencial.
Para logarlo, el buen editor lleva un riguroso y minucioso proceso de organización donde se registran todos los autores de los escritos que han sido recibidos, los que ya han sido revisados y de éstos, los publicados y los que posiblemente se publiquen.
El primer gran filtro es que el texto se adecue a las temáticas que maneja la editorial. De manera que en una empresa editorial debe recibir texto que le atañen, no puede haber una editorial que publique libros de medicina y también libros de superación, sería raro.
Se inicia con una primera lectura, que es más una revisión dónde el editor decidirá si el texto amerita una segunda ojeada; aquí interviene el consultor quien debe ser una verdadera autoridad en el tema examinado, es el que aconseja acerca del texto a publicar.
El agente literario es el encargado de presentarle al editor lo más novedoso en textos y generalmente son personas que conocen lo que se está publicando y es el que da nuevas propuestas para la editorial.
La industria editorial suele ser pequeña y no constituye un negocio muy rentable, sólo que se trate de una gran empresa.
Para que la editorial sea una industria con apoyo gubernamental, es necesario hacer trabajo político. Como los siguientes pasos:
1. Convencer a los gobernantes de la importancia de la industria editorial propia o fortalecer la existente.
El objetivo de la industria editorial es explicar la importancia de la lectura para el desarrollo social y de la consolidación nacional. Por ejemplo en el rubro educativo, los libros constituyen una muy importante fuente de progreso.
2. Persuadir a los gobernantes e las medidas necesarias para lograr la promoción de l a industria.
Informar sobre costos, trámites diplomáticos para exportación e importación, etc.
Por otro lado, es posible establecer las redes para la industria editorial con los países del mismo idioma.
Existen cuatro elementos para crear una industria editorial:
a) Autor, que escribe el manuscrito
b) Impresor, convierte el manuscrito en libro
c) Vendedor, quien distribuye y vende el libro
d) Editor, quien se encarga de coordinar los esfuerzos de estos tres.
El autor
Compila las palabras o documentos que conforman el manuscrito, puede ser una persona o una institución.
El autor es el dueño de los derechos y los “presta” a una editorial, mediante algún acuerdo, para su publicación, impresión y venta. Éstos, son protegidos, generalmente, por las leyes y constituyen el principio del denominado copyright. Fueron creados para proteger a los autores y que fuera posible cobrar regalías. El ideal de un autor es sentarse luego de entregar un manuscrito a escribir otro, mientras espera sus regalías, sin embargo, esto no sucede por lo menos en los países “en vías de desarrollo”, pues generalmente, los autores se dedican a otras actividades.
El impresor
Se dedica a fabricar la parte material del libro. El impresor está en estrecha participación con el editor, para decirle cuando la idea de un libro es viable dentro de sus posibilidades.
Existen algunas complicaciones con la corrección del manuscrito, pues algunos editores no cuentan con correctores de estilo y relegan la responsabilidad al impresor. Otra, es en área financiera, dado que es responsabilidad del editor dar un adelanto al impresor; si no lo hace, este último deberá invertir en la producción con el pago a los trabajadores, la compra del papel, etc.
La editorial funciona como una empresa y como tal, se debe considerar la parte financiera. Hay varias partes en este negocio que implican un costo y se administran de dos formas.
La primera implica el registro minucioso de lo que ocurre en cada etapa del proceso y clasificar los costos en las siguientes categorías:
Costo de preparación editorial: Los pagos al autor y los honorarios de dibujantes, correctores de estilo, traductores, diseñadores y demás involucrados.
Costo de manufactura: Incluye el pago a la imprenta y ya sea directamente o a través del impresor, lo correspondiente a papel, tinta, tela, hilo, etcétera
Costos de comercialización y distribución: Se refiere a los que originan las labores de empleados encargados de recoger pedidos, cargadores, publicistas y promotores.
Costos automáticamente variables: Invariablemente se incrementan con el aumento de ejemplares. Es por eso que incluye el pago por derechos de autor y a la imprenta (tinta, papel, materiales, proveedores, etc.)
Costos no variables, Son precisamente los que no varían. Es decir, aquellos que no se incrementan ni disminuyen independientemente del número de impresos.
Costos de promoción: Dependen de la política editorial, pueden ser afectados por la cantidad de copias impresas. Lo común es que las editoriales destinen un porcentaje de sus ingresos anuales para la inversión en publicidad y depende, también, de la cantidad de posibles ventas, la respuesta del público, el tipo de libro, etc.
Costos generales: pueden ser controlados por el editor, frente a la expectativa de vender todos los ejemplares, pero suelen ser fijos y son los referentes a la contabilidad, administración, impuestos.
Los precios al público se determinan a partir de cuatro aspectos que el editor debe contemplar. Por lo general, el precio fijo al público depende de las regiones del mundo donde se comercialice, aunque invariablemente el costo se incrementa entre un 3% y 6% por encima del costo de producción. En fin, los aspectos en juego son:
Cantidad de ejemplares vendidos: no obstante, el hecho de agotar los libros, no significa que la editorial se hizo millonaria, ya que en este rubro entran los ejemplares de cortesía y también los defectuosos.
Descuentos a librerías y otros clientes
Costos eventuales de comercialización: Suponen hasta un 15% y son por comisiones para representantes de ventas y gastos de envío.
Finalmente, como en todo negocio, es indispensable prever el costo-beneficio en cada una de las decisiones que la editorial tome en la producción de un libro. También están las consideraciones legales y como los Derechos Subsidiarios que son los que permiten reeditar versiones de obras que originalmente manejaba alguna otra editorial.
Podría ser falta de dinero, de hábito, de dinero, hay otras cosas más importantes; existen muchas razones por las cuales las personas no leen, pero Carlos Monsiváis, explica cuestiones de peso sobre el tema.
Parece importante leer… ¡Pues sí lo es! Pero para muchas personas es una pérdida de tiempo, pero bueno, para qué decir más pretextos o excusas si ya conocemos suficientes.
El texto de Monsiváis ejemplifica todos los problemas que existen dentro de la lectura y de los lectores. Los maestros, que son quienes deben de acercar al alumnado a la lectura, en todos los sentidos, muchas veces tiene dificultades para adquirir libros y, ya de por sí el salario es bajo, pues no pueden decir: “Ay pues un librito en lugar de comer”.
Y cómo a las personas no les va a dar la flojera cuando tiene que leer, si cuando van a la escuela lo que menos se inculca es literatura adecuada para la etapa que cursan. Uno llega a la escuela y se encuentra con que tiene que leer un mamotreto de historia, la cual está escrita de la manera más aburrida.
Es por ello que la lectura se identifica con la necesidad de hacerla, la obligación, libros aburridos y maestros que te dicen que si no lees, te sales. Así veo muy difícil que desde niños, las personas puedan interesarse por los libros.
Las altas esferas políticas, también están influenciadas de lo que antes comenté, Monsiváis comenta la anécdota en la que un político le preguntan que qué está leyendo en ese momento, a lo que contesta que nada porque se cambió de casa y todos sus libros están en cajas, el problema es que hacía ¡ocho años que se había cambiado!
A esto podemos sumar que, si un individuo se encuentra en una familia poco lectora, será difícil que él destaque como un gran o asiduo lector, pero de que se puede cambiar se puede, ahí tienen a Armando Palomo, que ahora se llama Libertad. Cuando se quiere, se puede cambiar.
Pero hay que destacar que leer es importante, no sólo da cultura, ayuda a conocer otros lugares, la forma de pensar en otros sitios, conocer nuevas palabras, hacerse de un bagaje cultural más amplio.
Así que si leyeron esto, ya empezaron bien… ¡Los felicito!
"Si no habláramos quizá todavía viviríamos en clanes familiares o en pequeñas tribus, como los chimpancés", el autor señala con esta frase la importancia de la escritura y el habla en la vida de cualquier ser humano.
La rapidez con la que ha evolucionado la humanidad en el último siglo es producto de los avances en comunicación. Las Tecnologías de Información en Comunicación (TIC) han impulsado productos como el Kindle, iPad, HP Slate, que son gadgets donde pueden descargar libros, consultar el periódico, entre otros chuchulucos. Negarse a estos procesos limita una de las funciones más esencial en el hombre que es el intercambio de información, la interacción con su entorno (virtual, si gustan) que termina por depositarnos en el rezago social.
Algo que me parece fundamental es el uso que se le dé al soporte digital, y que Daniel Cassany tiene a bien resaltar. La idea no que el producto de la digitalización sustituya las formas de nuestro hacer cotidiano. Lo ideal es apostarle a que estos avances aumenten la calidad de las creaciones que resulten.
Las páginas en internet son un arma de doble filo, pues se debe de tener en cuenta quiénes son los que escriben, si la misma tiene fuentes, si los contenidos tienen sentido (hay que leer lo que ponen porque luego ponen caaaaada cosa).
Así es como se inició el concepto de enciclopedia. Sólo que no son D'Alembert, Diderot y Voltaire quienes la dirigen en esta ocasión, sino todos los usuarios de Internet como lo dicta su principio de funcionamiento. Es por eso que la información que circula en la red implica el reto, que evidentemente no todos deciden tomar, de discernir entre lo útil (y no) de su contenido.